25 nov. 2010

Mauricio Beuchot: con prudencia, la tecnología conservará su significación humanista


El fundador de la Hermenéutica Analógica habla de su propuesta y de sus posibilidades científico-tecnológicas

La hermenéutica nos enseña a interpretar textos, a comprenderlos, y prácticamente todo puede ser visto como un texto, nos dice el Doctor Beuchot. En base a esto, este autor ha desarrollado una hermenéutica vertebrada con el concepto de analogía, la cual se coloca entre la univocidad y la equivocidad. Además, la idea de analogía está vinculada a la de prudencia, la cual tiene gran importancia para el desarrollo científico-tecnológico. Por esta razón, y dados los riesgos que implica la actividad científico-tecnológica, la prudencia, tan apegada a la analogía o proporción, nos hará ver hasta qué límite podemos arriesgarnos, porque aquí está en juego lo humano. Por Juan R. Coca.

Mauricio Beuchot Puente (Torreón, Coahuila, México 4 de marzo de 1950), está reconocido como uno de los principales filósofos de Iberoamérica. Sacerdote y fraile dominico, es autor de más de 50 libros que van de la mano con temas desde Filosofía medieval y novohispana, Filosofía del lenguaje, Filosofía analítica, Estructuralismo y ante todo de Hermenéutica. Fundador de la propuesta llamada Hermenéutica Analógica, reconocida hoy en día como una propuesta original y novedosa en el campo de la hermenéutica filosófica. Beuchot es Director de la revista Analogía Filosófica, Co-director de la revista Hermes Analógica, subdirector de la revista AnáMnesis, así como miembro de un buen número de publicaciones académicas. Desde 1985 es investigador titular "C" de tiempo completo del Centro de Estudios Clásicos del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la UNAM. Desde 1990 es miembro de academia, de 1997 a la fecha es miembro de número en la Academia Mexicana de la Lengua y de 1999 a la fecha es miembro de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino. Actualmente es coordinador del Seminario de Hermenéutica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Profesor Beuchot, actualmente usted se ha convertido en uno de los investigadores en hermenéutica más importantes del mundo a raíz del gran éxito que ha cosechado su propuesta hermenéutica. No obstante es posible que el gran público desconozca el interés de la misma. ¿Podría indicarnos cuál es el interés que tiene el estudio de la hermenéutica?.

La hermenéutica nos enseña a interpretar textos, a comprenderlos, y prácticamente todo puede ser visto como un texto. Además, estamos en un tiempo en que falta mucha comprensión (entre culturas y, dentro de ellas, entre individuos), por eso en la llamada tardomodernidad o posmodernidad la hermenéutica se ha colocado como el instrumento conceptual o la episteme. Asimismo, la hermenéutica nos ayuda a colocar un texto en su contexto, y ahora estamos en un momento en el que se subraya mucho el carácter contextual del conocimiento, una racionalidad contextual. Otra cosa que enseña la hermenéutica es que el individuo cognoscente, el sujeto de conocimiento, está implicado con su objeto, que no podemos lograr una mirada “desde ninguna parte”, sino que existencialmente estamos implicados con nuestra actividad cognoscitiva.

Veo que es amplio el abanico de investigaciones actuales...

Exactamente. Pero (y permítame añadir algo al hilo de lo dicho anteriormente) el problema de la hermenéutica es aceptar todo eso y, además, evitar el relativismo extremo. Tanto un rigorismo pretencioso, al que llamo univocismo, como un relativismo excesivo, al que denomino equivocismo.

Dentro del campo general de la Hermenéutica usted ha propuesto y promovido el desarrollo de lo que se denomina Hermenéutica Analógica (H.A.). ¿Qué innovación aporta este enfoque respecto a los anteriores?

Esta hermenéutica aporta una estructuración o vertebración de la interpretación con el concepto de analogía. Y es que la analogía se coloca entre la univocidad y la equivocidad. Así evita o supera el problema del relativismo. Se coloca más allá del absolutismo o universalismo exagerado y del relativismo obtuso o particularismo nominalista.

En base a lo que nos dice, la H.A. parece que tiene interés para el análisis social. ¿No es así?

La H.A. se ha aplicado al análisis social con éxito. Por ejemplo por parte de sociólogos como Napoleón Conde, de México. Por filósofos conocedores de Habermas como Francisco Arenas-Dolz, de Valencia. Y por filósofos sociales como Luis Baliña, de Buenos Aires. Y hay otros más. Yo mismo he tratado de hacerlo en un libro mío sobre filosofía política. Lo he elaborado en estrecha colaboración con Adela Cortina, Jesús Conill y Agustín Domingo Moratalla, de Valencia.

Además la H.A. tiene utilidad para el estudio de la actividad científico-tecnológica. En este sentido, y teniendo en cuenta que muchos de nuestros lectores trabajan en este ámbito, podría indicarnos qué es lo que podrían obtener estos científicos si se introdujeran en la H.A.

La H.A., como lo he dicho, está muy en la línea de Aristóteles, que todavía tiene mucho que decirnos de la técnica. Él hablaba de techne y de phrónesis, de técnica y de prudencia. La techne es necesaria, no hay que tenerle miedo. Pero debe seguir el mismo cauce de la physis, de la naturaleza, apoyarla y fomentarla, no oponérsele. Cuando la técnica se opone a la naturaleza ya vemos lo que pasa, los ecologistas se encargan de advertirlo. Pero cuando la técnica favorece a la naturaleza, sobre todo a la naturaleza humana, se vuelve la mejor aliada del hombre, y lo ayuda a colocarse en el mundo.

¿Podría aclarar esto un poco más?

¡Por supuesto!. Una H.A. nos hace recuperar la advertencia de que es la prudencia la que hay que combinar con la técnica, la phrónesis con la techne. Y es la phrónesis la que debe regular u orientar a la techne, porque esta última sigue sus propias reglas y puede cerrarse en la pura utilidad, yendo en contra de lo humano.

Apostar por una visión humanista de la tecnología, ¿no es así?

¡Efectivamente! La prudencia es eminentemente humana, humanista; trata de salvaguardar el significado humano de las cosas. De ahí que conjugando prudencia y tecnología, los avances tecnológicos conservarán siempre su significación humanista, de modo que no se opondrán al hombre.

De manera reiterada se nos advierte que los nuevos desarrollos científico-tecnológicos implican siempre la asunción de ciertos riesgos sociales y naturales. Ante esta realidad ¿qué podemos hacer?

Como decía, la H.A., al estar basada en la proporción (el vocablo griego analogía fue traducido por los latinos como proportio), nos puede dar ese sentido de lo proporcionado al hombre, que necesitamos para no perder el sesgo de la naturaleza, para no perdernos nosotros mismos. Hay que correr riesgos, en todo, pero es la phrónesis, tan apegada a la analogía o proporción, la que nos hace ver hasta qué límite podemos arriesgarnos, porque aquí está en juego lo humano.

Entonces, y a su juicio, qué puede aportar la H.A. para el análisis de estos riesgos.

Creo que la H.A. podrá ayudar a que los desarrollos científico-tecnológicos se conserven siempre en el cauce de lo humano. Iván Illich, un filósofo de la cultura que trabajó en México lo señalaba, y usaba mucho la idea de lo “proporcional al hombre”, desde la cual criticaba, por ejemplo, los avances en medicina y las técnicas educativas.

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