8 oct. 2009

LAS SOCIEDADES POLICONTEXTURALES

Los conflictos de racionalidades no son meros hechos de conciencia sino hechos observables y que se producen en determinadas sociedades y no en otras. Ya la misma definición de conflicto alude a un hecho social, pues no aludimos a los conflictos que en la conciencia de los individuos se producen entre los diferentes tipos de racionalidades que configuran su persona. Ya no está sola la razón como única norma suprema orientadora de la reflexión y la conducta, sino que tiene que aprender los juegos diferenciados de los sentimientos, las emociones, la imaginación, el cuerpo y la memoria. Cada una de esas racionalidades, pretendidamente sometidas a la razón desde la perspectiva ilustrada clásica, han comenzado a reclamar sus territorios específicos desde finales del siglo XIX. Pero no es ese el problema que ahora nos ocupa.

En lo que nos ocupamos es en la progresiva diferenciación de las perspectivas sociales que el marco teórico sistémico nos permite vislumbrar. Estamos actualmente en el mundo occidental en una situación cuyo eje histórico evolutivo sigue la flecha de la diferenciación funcional del sistema social. Ya no disponemos de una referencia única e incontestable que nos permite explicar los diferentes fenómenos como dependientes de un principio teológico u ontológico indiferenciado e inaccesible. Cada una de las esferas de las experiencias humanas ha ido autonomizándose a través de procesos de reconocimiento de las novedades descubiertas y de las respuestas funcionales a esas novedades planteadas inicialmente como problemáticas. Es más, se están produciendo en el último siglo acelerados procesos de sustitución funcional con los que determinadas instituciones o sistemas sociales (por ejemplo: la familia) están siendo desposeídas de algunas de las funciones (por ejemplo, en el caso de la familia la educación de la prole) que le han sido atribuidas tradicionalmente. Y aparecen nuevas experiencias como la intensificación, variación y multiplicidad de informaciones acerca de “lo que sucede”, que ya no es el pueblo o la aldea en la que vivimos sino el mundo que habitamos.

Correspondientemente se va generando un sistema de “medios” de comunicación masiva que trata de responder a esas necesidades de información.

Todo ello desemboca en una nueva forma de describir las sociedades en las que vivimos. Uno de los recientes diccionarios de sociología llega a definir treinta y cuatro descripciones distintas, además, por supuesto, del intento de definición de “sociedad”. Esta situación de dispersión y fragmentariedad se mantendrá hasta que dispongamos de un nombre para describir esa pluralidad.

Siguiendo a Luhmann, llamamos "sociedades policontexturales" a aquellas en las que se produce la posibilidad formal de diferentes observaciones simultáneas y se renuncia, por tanto a la seguridad última de la unidad de la observación. No existe pues un único "Lebenswelt", común a todos los observadores como referencia única, sino que partimos en nuestras observaciones de la pluralidad de mundos y de sistemas de referencias.

En una sociedad policontextural la diferenciación no contempla un horizonte dentro del cual alguna actividad parcial pueda pensarse como esencial, pues todas lo son. Asumo este neologismo tomado de los escritos recientes de Niklas Luhmann en el sentido, referido inicialmente a una disposición del arte de tejer (la trama o entramado), del significado que recoge el Diccionario de la Real Academia para "Contextura", de "Compaginación, disposición y unión respectiva de las partes que juntas componen un todo”. A diferencia del "Contexto" (y el admitido adjetivo "contextual") que tiene como referencia primaria un entorno, la contextura se refiere a la complejidad del sistema. Se refiere con ello también a que la complejidad implica tal cantidad de posibilidades que obliga a proceder selectivamente.

Además de la significación tomada de G. Günther, nos interesa en este contexto señalar otra de las características de este tipo de sociedades. Me refiero al excedente de posibilidades (no sólo excedente cuantitativo, sino también cualitativo) que nos obliga a los ciudadanos de tales sociedades a proceder selectivamente. El mantenimiento de la multiplicidad de posibilidades implica que el sentido está siempre vinculado a lo plural por lo que la reducción de posibilidades nunca puede formularse binariamente ("o esto o lo otro") sino, al menos, ternariamente ("esto, lo otro o lo de más allá"). Esto tiene consecuencias para el sistema político y para la forma "democracia".

Por todo esto, en las sociedades policontexturales siempre es posible "elegir de nuevo", es decir, la operación de la decisión se produce en el tiempo y genera bifurcaciones temporales replicables por ello el "modo de proceder" en estas sociedades es el de la recursividad.

Este marco social condiciona el estudio de las racionalidades en conflicto. Primero, dándole a los conflictos la característica de “históricos” o contingentes. No son conflictos trascendentes acerca del ser o no ser de las cosas (situaciones límite como horizonte hermenéutico) sino conflictos entre diferentes modos de presentarse y ser percibidos (cotidianeidad como horizonte hermenéutico). Segundo, excluyendo la posibilidad de que alguna racionalidad (p. e. la económica) se pueda poner a sí misma como últimamente explicativa de las otras y por tanto acercarse a la función de absoluto (“determinante en última instancia”). Tercero, estableciendo unas reglas de juego del conflicto vinculadas a procedimientos recursivos o cibernéticos (rectificación de la decisión a partir de la información).

Nos situamos así en los niveles de la complejidad en la comprensión de los conflictos de racionalidades en tanto en cuanto procesos sociales que tienen lugar en sociedades policontexturales.

El presente texto es parte de un escrito de Juan Luis Pintos. Encontrareis el texto completo en el vínculo que nos lleva a sus textos.

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