1 jul. 2009

Cyborg y (bio)tecnología

El sistema tecnocientífico se ha convertido en uno de los subsistemas con mayor peso dentro del gran sistema social. De hecho, actualmente es imposible pensar al ser humano sin tener presente la interpenetración de la tecnociencia con la antropología. De ahí que Donna J. Haraway (1991) haya afirmado que no hay una diferenciación ontológica fundamental en nuestro conocimiento formal entre las máquinas y los organismos o, si se prefiere, entre lo técnico y lo orgánico. Para esta autora el cyborg es un concepto con gran relevancia antropológica y social que nos permite entender nuestra realidad actual. En este punto coincidimos plenamente con Haraway, así como con otros pensadores actuales (Aguilar García 2008; García Manso 2006; García Selgas 1999; Moya 2007), algunos de los cuales afirman lo siguiente:

“El cyborg sería la figura nuclear de nuestro espacio-tiempo, aquella en la que se entrelazan y hacen más visibles las normas principales de interpenetración, valoración y localización […] al menos en lo referente al agente social. En este sentido, el cyborg sería la figura que anuda los principales argumentos o temas de nuestras narrativas de identidad y permite materializar, encarnar o ver los acontecimientos, las tensiones y las condiciones que hoy perfilan a los posibles agentes sociales” (García Selgas 1999: 185).

Una vez más, vamos a dejar abierto este camino de investigación dado el reducido espacio del que disponemos para este trabajo. No obstante, es conveniente advertir que el concepto de cyborg tiene gran relevancia epistémica en lo referente a la biotecnología puesto que permite conjugar los nuevos procesos de interpenetración entre la sociedad, la persona y la tecnociencia. De hecho, los avances (bio)tecnológicos que se están desarrollando actualmente permiten pensar en una nueva configuración antropológica del ser humano cercana a un cyborg. Los implantes en las distintas partes del cuerpo (dientes, marcapasos, pechos, pelo, etc.), los distintos tipos de cirugía, los actuales mecanismos de fecundación e incluso los procesos de producción alimentaria (profundamente industrializada), recuerdan una realidad cercana al mundo cyborg de los filmes de ciencia-ficción.
Este relato de nuestra realidad social no está vinculado con la misma percepción social. El concepto de cyborg nos permite entender y explicar la nueva situación en la que nos encontramos. Ello no quiere decir que la sociedad tenga que concebir que la situación se produzca del mismo modo. Por esta razón, tal y como hemos dicho, vamos a dejar a un lado este concepto y nos vamos a centrar en cómo la sociedad percibe los avances que se van produciendo dentro del campo de las (bio)tecnologías y el discurso empleado para ello.

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