3 jul. 2007

Artículo Pozzoli

El presente escrito es parte de un interesante trabajo de María Teresa Pozzoli. Puede leerse el texto completo en: http://www.revistapolis.cl/15/poz.doc
La palabra complejo es el atributo por excelencia de nuestro tiempo; una denominación que nos lleva a considerar uno de los rasgos que poseen los problemas globales actuales. Es posible identificar en las últimas décadas, un conjunto de problemas que han ido adquiriendo un rango inusual por haberse globalizado. El calentamiento global del planeta, la crisis del petróleo, la extinción de miles de especies, la escasez de recursos naturales indispensables para la sobrevivencia, la nueva crisis del patrón de acumulación del sistema capitalista o el cambio cultural inmenso al que ha llevado la revolución tecnológica son algunos de los más visibles o comentados. Todos ellos tienen atributos comunes: se trata de cuestiones enormes, abarcativas e intrincadas que afectan a toda la humanidad -a cada habitante del planeta por el solo hecho de habitar en él-. Los problemas que hoy desafían nuestro futuro son cotidianos y simultáneamente globales (IIPC, 2006, pp.4). La escala en que se expresan es a nivel planetario, y este grado de extensividad no es reducible, y lo es menos, desde el error definicional desde el cual se implementan fallidas estrategias correctivas.

De ahí que pensar en tales prolegómenos, nos lleve a considerarlos como procesos imparables que revisten una complejidad inusual. Pertenecen al orden de: la multidimensionalidad, la multirreferencialidad, la interactividad, retroactiva y recursiva1 . Características que hablan de su emergencia, de sus efectos y consecuencias, y con todo ello, del imperativo epistemológico que imponen a la hora de ensayar su correcta definición. Nuestra mente tiende a pensar en estos problemas desde los parámetros referenciales que ha internalizado, y a la hora de definirlos para hallar posibles soluciones, procede a categorizarlos, clasificarlos, ordenarlos, hasta detectar su previsibilidad. El tipo de razón que hemos educado, aborda estos fenómenos complejos, reduciéndolos en sus componentes fundamentales con la intención de acceder a su comprensión. La forma en que lo hace es simplificadora, reductora, al separar todo aquello que se presenta enredado. Morín, a modo de crítica del pensamiento positivista señala:

es cierto que todo conocimiento intenta poner orden y unidad en un universo de fenómenos que se presentan como embrollos, multiplicidades, singularidades, incertidumbre, desorden. Lo que la ciencia clásica aportó a la necesidad de conocimiento… es un método de pensamiento fundado en el doble principio de disyunción y de reducción, al que yo denomino simplificación” (Morín, 1984, pp.341).

Ocurre que la complejidad siempre presenta componentes de aleatoriedad, de azar y de indeterminación, ante los que nuestros esquemas de análisis colapsan. No poseen ninguna resistencia ante la ambigüedad ni ante la incertidumbre. Pero finalmente, ¿qué es la Complejidad ?

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